1. La ansiedad como señal, no como identidad En los últimos años, la ansiedad ha sido elevada a una categoría casi identitaria. Se habla de ella como si fuera una preocupación nueva, propia de la modernidad, cuando en realidad no es más que una manifestación antigua y profundamente humana: la percepción de no tener control sobre aquello que afecta nuestros resultados y nuestro devenir. Tener conciencia de las emociones es importante, pero la sobrevaloración de la ansiedad corre el riesgo de vaciarla de sentido y convertirla en un concepto fetichizado La ansiedad surge, en esencia, cuando los resultados no dependen estrictamente de la voluntad individual. Cuando el sujeto comprende que su deseo de cambio no se traduce automáticamente en transformación, aparece esa tensión interna que denominamos ansiedad. No es una emoción extraña ni excepcional, sino una respuesta natural ante la incertidumbre y la fragilidad del control humano. El problema no es su existencia, sino el uso que se ha...
Un rincón en medio del alborotado internet de siempre. Una voz en medio del bullicio normalizado.