Si el primer artículo de esta serie explicó cómo Francia generó su propia Revolución, este segundo capítulo explica algo más inquietante para la propia Francia revolucionaria: cómo esa misma ideología, exportada sin querer, le costó su colonia más rica del planeta. Saint-Domingue, hoy Haití, no se rebeló a pesar de la Revolución Francesa. Se rebeló, en buena medida, gracias a ella. La colonia más rica del imperio francés Para entender la magnitud de lo que estaba en juego, hay que entender primero qué era Saint-Domingue antes de 1789. No era una colonia menor ni periférica: era la posesión colonial más rentable de Francia en el mundo entero, sostenida por una economía de plantación basada en la esclavitud a una escala industrial. Café, azúcar y algodón salían de la isla hacia Europa en volúmenes que hicieron de Saint-Domingue, en palabras de la época, "la perla de las Antillas". Esa riqueza descansaba sobre una base demográfica brutal: la población esclavizada superaba...
Introducción Toda esta serie de artículos parte de un mismo origen: quince años de Francia entre 1789 y 1804 que no solo reconfiguraron Europa, sino que terminaron determinando, por una cadena de causas y efectos que cruza el Atlántico, la historia de Haití y de República Dominicana. Antes de llegar a la isla, hay que entender bien la "máquina" que generó toda esa onda expansiva: la propia Revolución Francesa. Este primer artículo recorre el proceso completo, desde la convocatoria a los Estados Generales hasta la coronación de Napoleón Bonaparte como Emperador. La tesis central que vamos a sostener, y que se confirmará en los artículos siguientes, es esta: Napoleón no fue la causa de la Revolución, sino su consecuencia . Fue un producto del caos que la propia Revolución generó, no su origen. La crisis que lo desató todo Francia, a finales de la década de 1780, estaba en quiebra. Las guerras del siglo XVIII, incluida la costosísima ayuda militar y financiera a la indepe...