Aprender a tener éxito Cuando el triunfo exige más carácter que la derrota No me des pobreza ni riqueza; mantenme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue, o que siendo pobre, hurte, y blasfeme contra tu nombre. — Proverbios 30:8-9 Hay una oración que repito en silencio con frecuencia. No como un mantra vacío, sino como un recordatorio de dependencia radical. Es la de Agur en los Proverbios, ese hombre que pedía algo extraño y contracultural: no la miseria ni la opulencia, sino lo justo. Lo necesario para conservar la conciencia de Dios. La repito porque me recuerda que la humildad no es virtud decorativa. Es sobrevivencia espiritual. Es el reconocimiento de que la gloria y el honor no nos pertenecen, que nada hacemos sin fuerzas que no son nuestras, que la cabeza siempre debe saber de quién depende. Me ha servido para aprender algo que muchos dominicanos sabemos hacer bastante bien: aceptar la derrota. Y no hablo de acostumbrarse a perder, que eso es otra ...
Por qué la polémica sobre la Odisea revela algo más profundo que una decisión de guión. Hace unos días, Diego Arroyo Gil lanzó en X una crítica que circuló rápido entre cinéfilos e hispanohablantes con inquietudes clásicas: Christopher Nolan convirtió la Odisea en un catecismo sobre la mortificación y la culpa cristianas. Presenta un relato que no tiene nada que ver con la Grecia de Homero. — Diego Arroyo Gil (@diegoarroyogil) August 4, 2026 La crítica es culturalmente legítima. Arroyo Gil señala algo real: el Odiseo de Homero no es un hombre torturado por sus pecados. No conoce la culpa cristiana. Es un superviviente pragmático cuya virtud principal —la astucia, la mêtis — es moralmente neutra o incluso admirada en el código homérico. Engañar es areté (La virtud como excelencia humana). Matar en Troya es gloria, no trauma. El motor de toda la epopeya no es la redención sino el nostos : el deseo irreductible de volver a casa. Si Nolan tr...