Yo sé que la IA, con todos sus debates, sus peligros y también sus aportes, ha provocado que su uso se masifique en prácticamente todos los niveles de la sociedad. Ya no es algo exclusivo de grandes empresas tecnológicas o de instituciones que antes tenían que pagar miles o millones de dólares a especialistas para implementar ciertas soluciones. Ahora está en todos lados. Y yo entiendo perfectamente por qué eso produce molestia en sectores como el diseño, la publicidad y otros trabajos creativos que, de alguna manera, sienten que han sido desplazados o relegados por las facilidades que ofrece la inteligencia artificial. Porque sería absurdo negar algo evidente: la IA optimiza tiempo. Y cuando una persona necesita resolver algo rápido, eso pesa muchísimo. El fin de las excusas para la mediocridad Pero independientemente de esa molestia —que en parte también es entendible— hay algo de la IA que sí me parece profundamente positivo. Y es que ya casi nadie tiene excusa para presen...
Trabajo de noche. De lunes a viernes hago el mismo recorrido: una distancia larga para muchos, rutinaria para mí. Ocho kilómetros pueden parecer poca cosa en un mapa, pero de noche las distancias cambian de tamaño. El cansancio las agranda. El silencio las agranda. La sensación de estar regresando cuando el resto del mundo ya descansa también las agranda. No conduzco. Nunca he conducido. Y honestamente, nunca me ha interesado demasiado aprender. Eso suele sorprender a la gente porque soy obsesivo con muchas cosas. Cuando algo me interesa, lo estudio, lo perfecciono, me involucro hasta el fondo. Pero manejar nunca despertó en mí esa necesidad. No por miedo exactamente, ni por incapacidad, sino por una mezcla de desinterés y comodidad con otras formas de moverme. Incluso personas cercanas me han sugerido muchas veces comprar un vehículo, aprender, "resolver eso ya", como si cierta edad obligara automáticamente a desarrollar amor por el volante. Pero no ocurrió. Así que depe...