I. El periódico y los números De los tantos sueños que uno tiene desde niño están los clásicos: ser bombero, astronauta, arquitecto. Yo, como siempre fui un poco peculiar, tuve dos que me acompañaron durante muchos años: ser periodista y ser escritor. Uno lo logré. El otro, de alguna manera, también. Porque desde muy pequeño desarrollé una fascinación por los periódicos. Primero, como casi todos los niños, por las tiras cómicas. Luego, cuando aprendí a leer, por las noticias. Pero si había una sección que me atrapaba por completo, era la de deportes. Cuando fui inducido al béisbol a mis ocho años, gracias a la influencia de mi padrastro, esa fascinación encontró su forma definitiva. Los que crecimos antes de internet recordamos aquellos periódicos que publicaban los box scores completos de las Grandes Ligas. Si había diez partidos, aparecían los diez partidos. Estaban las alineaciones, los lanzadores, las carreras impulsadas, los hits, los errores y todas las estadísticas tradicio...
Hay asignaciones que uno diseña pensando en el aprendizaje. Y hay momentos en que el aprendizaje te devuelve algo que no pediste, algo que no entra en ninguna rúbrica, que no tiene espacio en el libro de calificaciones, pero que se queda contigo mucho tiempo después de que el periodo termine. Esta es una de esas historias. La crónica En cuarto de secundaria, uno de mis temas favoritos es la crónica. No porque sea fácil de enseñar, sino porque es el género que más se presta para que los estudiantes se encuentren con la escritura. La diferencia entre una noticia y una crónica, le explico siempre, no es solo de forma. Es de posición. La noticia la cuenta alguien que observa desde afuera, con la obligación de la objetividad. La crónica la escribe alguien que estuvo ahí, que lo vivió, que lo sintió. Y aunque la crónica también tiene que ser honesta, tiene algo que la noticia no puede tener: el peso de quien estuvo presente. Los llevo a imaginarse un día. Un día difícil. Un día ...