Este artículo cierra la serie volviendo a una pregunta de fondo que atraviesa todo el recorrido anterior: ¿por qué España, durante casi setenta años, desde el Tratado de Basilea de 1795 hasta la evacuación final de la anexión en 1865, nunca tuvo un interés económico real en conservar o proteger Santo Domingo, mientras que sí defendió con uñas y dientes a Cuba y Puerto Rico, territorios igualmente cercanos en el Caribe? La respuesta no tiene que ver con distancia geográfica ni con afecto histórico. Tiene que ver, casi exclusivamente, con una variable fría y contable: la rentabilidad económica real de cada colonia. La raíz del problema: Santo Domingo dejó de ser rentable desde el siglo XVI El desinterés español hacia Santo Domingo no nació en 1795 ni en ningún momento puntual del siglo XIX. Se remonta mucho más atrás, hasta el propio siglo XVI. A finales de esa centuria, tras la conquista de los grandes territorios continentales de México y Perú, ricos en plata y oro a una escal...
La noche del 27 de febrero de 1844, un grupo de hombres dio el grito de independencia en Santo Domingo, marcando el nacimiento formal de la República Dominicana tras veintidós años de ocupación haitiana. Pero detrás de esa fecha, que hoy se celebra como el día nacional dominicano, hay una historia mucho más compleja de lo que suele contarse: dos proyectos políticos en competencia directa, una clase ganadera que financió la gesta con sus propios recursos privados, y un personaje, Buenaventura Báez, que nunca creyó del todo en la independencia que ayudó a construir. El telón de fondo: dos proyectos enfrentados Como se explicó en el artículo anterior de esta serie, hacia el final de la ocupación haitiana coexistían dos visiones políticas claramente diferenciadas sobre el futuro del territorio. Por un lado, La Trinitaria , liderada por Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, defendía la independencia total y soberana, sin subordinación a ninguna potencia e...