Un análisis del fenómeno que convierte la fama en tribuna moral sin que nadie se lo haya pedido — desde el verano de BLM hasta el debate vegano de Billie Eilish esta semana. Hay un patrón que se repite con inquietante regularidad en la cultura pop contemporánea: un artista joven alcanza el estrellato con un par de álbumes, acumula decenas de millones de seguidores, y casi de inmediato empieza a comportarse como si ese alcance fuera sinónimo de autoridad moral. No como ciudadano que ejerce su derecho a opinar, sino como voz indispensable de la conciencia colectiva. El fenómeno no es nuevo, pero desde 2020 se ha acelerado de forma notable. La pandemia, el movimiento Black Lives Matter, las elecciones estadounidenses, la crisis climática y las controversias migratorias han ofrecido una serie interminable de causas listas para ser adoptadas. Y las redes sociales han creado el escenario perfecto: millones de ojos pendientes de cada historia de Instagram, ca...
Un rincón en medio del alborotado internet de siempre. Una voz en medio del bullicio normalizado.