Trabajo de noche. De lunes a viernes hago el mismo recorrido: una distancia larga para muchos, rutinaria para mí. Ocho kilómetros pueden parecer poca cosa en un mapa, pero de noche las distancias cambian de tamaño. El cansancio las agranda. El silencio las agranda. La sensación de estar regresando cuando el resto del mundo ya descansa también las agranda. No conduzco. Nunca he conducido. Y honestamente, nunca me ha interesado demasiado aprender. Eso suele sorprender a la gente porque soy obsesivo con muchas cosas. Cuando algo me interesa, lo estudio, lo perfecciono, me involucro hasta el fondo. Pero manejar nunca despertó en mí esa necesidad. No por miedo exactamente, ni por incapacidad, sino por una mezcla de desinterés y comodidad con otras formas de moverme. Incluso personas cercanas me han sugerido muchas veces comprar un vehículo, aprender, "resolver eso ya", como si cierta edad obligara automáticamente a desarrollar amor por el volante. Pero no ocurrió. Así que depe...
Un rincón en medio del alborotado internet de siempre. Una voz en medio del bullicio normalizado.