[HISTORIA] Prólogo: De un mod de GTA al debate sobre cuándo nació realmente la nación dominicana (0)
De Liberty City a Versalles: cómo un videojuego puede abrir una pregunta histórica
Hay un fenómeno curioso en la manera en que el conocimiento histórico llega hoy a las personas, y vale la pena detenerse en él antes de entrar al debate de fondo que ocupa el resto de este artículo. Cada vez es más común que el primer contacto con un evento histórico no venga de un libro de texto ni de un documental, sino de un formato completamente inesperado: un mod de un videojuego, recreado y narrado con apoyo de inteligencia artificial, que reconstruye escenas de la Revolución Francesa, como la Toma de la Bastilla, el Juramento del Juego de Pelota o la ejecución de Luis XVI, sobre el motor gráfico de Grand Theft Auto: San Andreas.
Es, a primera vista, una combinación casi absurda: un juego ambientado en pandillas y ciudades ficticias de los años noventa convertido en escenario para revivir 1789. Pero ese contraste es precisamente lo que genera la chispa de curiosidad. Ver al protagonista del juego, con su camiseta sin mangas y sus jeans característicos, caminando entre soldados con uniformes de época hacia una guillotina, produce un efecto de extrañeza que termina funcionando como gancho: ¿qué fue realmente esto que estoy viendo recreado de manera tan rara? ¿Cómo se llegó hasta ahí?
Esa pregunta, hecha sobre una serie de capturas de pantalla de Instagram mostrando las distintas etapas de la Revolución Francesa, desde la convocatoria de los Estados Generales hasta la derrota de Napoleón en Waterloo, fue exactamente el punto de partida de toda esta serie de artículos. Lo que comenzó como una simple curiosidad sobre el orden cronológico de unas escenas de videojuego terminó abriendo, pregunta tras pregunta, un recorrido histórico que cruzó el Atlántico y desembocó en algo mucho más personal y cercano: la historia de la propia nación dominicana.
El daño colateral que, visto desde el Caribe, es en realidad el origen de todo
La Revolución Francesa suele enseñarse, comprensiblemente, como un fenómeno europeo: la caída del absolutismo, el nacimiento de los derechos modernos, la era napoleónica, el reordenamiento del mapa político del continente. Es la narrativa que domina los libros de texto, los documentales, y también, como quedó claro en el primer artículo de esta serie, el propio mod de videojuego que sirvió de disparador inicial, centrado enteramente en escenas parisinas y europeas.
Pero hay una segunda historia, casi siempre tratada como nota al margen en esa narrativa europea, que para alguien dominicano resulta ser, en realidad, el centro de la cuestión. La Revolución Francesa no se quedó contenida en Francia. Viajó, mediante su propia ideología de libertad e igualdad, hasta Saint-Domingue, la colonia más rica del imperio francés en el Caribe, y ahí encendió una rebelión de esclavizados que terminaría en la primera independencia negra de la historia moderna: Haití, 1804.
Y esa independencia haitiana, a su vez, generó una onda expansiva que llegó directamente a la otra mitad de la isla: la cesión de Santo Domingo español a Francia mediante el Tratado de Basilea de 1795, los nueve años de demora en ocuparlo, el fugaz gobierno de Ferrand, la Reconquista española, la España Boba, el ensayo fallido de Núñez de Cáceres, los veintidós años de ocupación haitiana, y finalmente la independencia dominicana de 1844, financiada por hateros privados y disputada entre dos proyectos políticos irreconciliables.
Lo que para la historiografía europea es, en el mejor de los casos, un capítulo secundario, algo así como "Francia perdió su colonia más rica", es, visto desde República Dominicana, el evento que determinó literalmente quién gobernaría el territorio durante setenta años, qué idioma se hablaría, qué identidad se consolidaría, y cuándo y cómo nacería finalmente una nación propia. Ese es el hallazgo que sostiene toda esta serie: el mismo evento puede ser, según desde dónde se mire, una anécdota periférica o el origen directo de la propia existencia nacional.
Por qué esta serie importa más allá de la curiosidad inicial
Es fácil, llegado a este punto, reducir todo este recorrido a una simple cadena de causas y efectos interesante para los aficionados a la historia. Pero hay algo más en juego: entender el origen lejano de un país ayuda a entender sus debates presentes. Y hay pocos debates dominicanos tan persistentes, y tan poco resueltos en el sentido común popular, como la pregunta de cuándo nació realmente la nación, pregunta que, como se explica más abajo, cierra esta serie en su último artículo.
Antes de llegar ahí, sin embargo, hace falta recorrer el camino completo. Lo que sigue es un mapa de ruta: un vistazo panorámico de los diez artículos que componen esta serie, sin adelantar conclusiones, simplemente para que quien la siga día a día sepa qué terreno se va a cubrir y por qué cada pieza es necesaria para la siguiente.
El mapa de la serie: diez artículos, un solo hilo
Artículo I: El big bang: la Revolución Francesa. Todo parte de una crisis fiscal en la Francia de 1789 que escala hasta la caída de la monarquía, el Reinado del Terror, y la coronación de Napoleón Bonaparte como Emperador en 1804. Este primer artículo recorre esos quince años fundacionales y plantea la tesis que sostiene buena parte de lo que sigue: Napoleón no fue la causa de la Revolución, sino su consecuencia.
Artículo II: La hija más radical: la Revolución Haitiana. La ideología revolucionaria francesa, con sus ideas de libertad e igualdad, viaja hasta Saint-Domingue, la colonia más rica del imperio francés en el Caribe, y enciende ahí una rebelión de esclavizados que Francia jamás logra controlar del todo. El resultado, en 1804, es la independencia de Haití: la primera nación nacida de una revuelta de esclavizados exitosa en la historia moderna, y un golpe que le cuesta a Francia, en cadena, también la pérdida de Louisiana.
Artículo III: Basilea, 1795: el territorio que nadie pudo ocupar. España, agotada por la guerra en Europa, cede su mitad de la isla, Santo Domingo, a Francia mediante el Tratado de Basilea. Pero firmar el tratado y ocupar realmente el territorio resultan ser dos cosas distintas: pasarán casi nueve años antes de que Francia logre una administración estable ahí, mientras del otro lado de la isla se libra la guerra que terminará pariendo a Haití.
Artículo IV: La Era de Francia en Santo Domingo: el sueño de Ferrand. Entre 1804 y 1809, el general francés Jean-Louis Ferrand gobierna Santo Domingo con un plan ambicioso: convertirlo en una segunda Saint-Domingue, rentable y productiva. El proyecto choca con la falta de mano de obra esclava, el miedo a Haití, y, sobre todo, con una identidad criolla hispánica que ni la mano relativamente respetuosa de Ferrand logra disolver.
Artículo V: La Reconquista y la España Boba. La invasión napoleónica a la propia España en 1808 provoca, como reacción en cadena, un levantamiento local que termina con la derrota y muerte de Ferrand. España recupera el territorio, pero lo gobierna con el mismo desinterés de siempre durante los doce años de la llamada "España Boba", hasta que José Núñez de Cáceres intenta, en 1821, un ensayo de independencia que dura apenas semanas.
Artículo VI: Veintidós años bajo Haití. La ocupación haitiana liderada por Jean-Pierre Boyer, que se extiende de 1822 a 1844, es la dominación extranjera más larga de todo este recorrido. Y es, también, la más paradójica: cuanto más se intenta transformar culturalmente el territorio, más se afirma, por reacción, una conciencia nacional dominicana propia. Es en este período donde nace La Trinitaria, liderada por Juan Pablo Duarte.
Artículo VII: 1844: hateros, Trinitarios y el dinero que financió una nación. El proyecto de independencia plena de los Trinitarios se cruza con un proyecto rival y simultáneo: el plan de anexión a Francia liderado por Buenaventura Báez. Los Trinitarios se adelantan y proclaman la separación el 27 de febrero de 1844, en una gesta financiada en gran medida por el patrimonio privado de la élite hatera del este, con Pedro Santana al frente.
Artículo VIII: Por qué España nunca apostó por Santo Domingo (y sí por Cuba y Puerto Rico). Este artículo da un paso atrás para explicar la lógica económica de fondo que recorre toda la serie: por qué España invirtió fuertemente en Cuba y Puerto Rico durante el siglo XIX, mientras dejaba a Santo Domingo en un abandono casi constante desde el siglo XVI. La respuesta no tiene que ver con la distancia geográfica, sino con la rentabilidad real de cada colonia.
Artículo IX: El debate: ¿1844 o 1865? Con todo el recorrido histórico ya trazado, este artículo entra de lleno en una discusión que sigue viva en la conversación dominicana contemporánea: si la verdadera independencia del país debe fecharse en 1844, cuando se separó de Haití, o en 1865, cuando se desvinculó definitivamente de España tras la breve anexión liderada por el propio Santana. Ahí se examinan los argumentos de ambos lados, el peso semántico de la palabra "separación" frente a "independencia", y la evidencia militar concreta de los primeros años posteriores a 1844, más de una decena de batallas libradas contra Haití entre 1844 y 1856, como parte del expediente que alimenta esta discusión todavía abierta.
Artículo X: Cuatro Repúblicas: la historia de un país que nunca fue esclavo dos veces. El cierre definitivo de la serie. Da un paso atrás para mirar los más de 180 años de historia republicana dominicana organizados en cuatro etapas (Primera República, 1844-1861; Segunda, 1865-1916; Tercera, 1916-1965; y Cuarta, 1966-presente), y nota un patrón que llama la atención: cada una de las tres primeras Repúblicas termina o comienza marcada por una intervención extranjera, mientras que la Cuarta, la más larga y estable de todas, es la primera en sostenerse sesenta años sin ninguna. El artículo cierra con una reflexión personal apoyada en el verso del Himno Nacional de Emilio Prud'Homme: Quisqueya puede ser destruida, pero esclava otra vez, jamás.
Una serie sobre cómo nace y se sostiene una nación
Lo que sigue, entonces, es un recorrido de diez entregas que comienza con la curiosidad de ver una recreación digital de la Revolución Francesa y termina en una reflexión sobre los más de 180 años de historia republicana que esa nación recién nacida tuvo que atravesar para llegar hasta hoy. En el medio, queda trazado un mapa de causas y efectos que cruza el Atlántico: una crisis fiscal francesa que se convierte en revolución, una revolución que se convierte en rebelión de esclavizados, una rebelión que se convierte en la primera nación negra independiente del mundo, y esa independencia que, como efecto dominó, termina determinando setenta años de la historia de la otra mitad de la isla, hasta desembocar en la fundación de la República Dominicana y en los cuatro ciclos republicanos que, con sus propias intervenciones extranjeras y sus propias caídas, la han traído hasta el presente.
Referencias
- Fuentes generales sobre la cronología de la Revolución Francesa reconstruida a partir de un mod de recreación histórica para Grand Theft Auto: San Andreas (perfil "Gorm the Old"), punto de partida narrativo de esta serie.
- Artículos I a IX de esta misma serie, "De la Bastilla a Quisqueya: cómo la Revolución Francesa terminó forjando la nación dominicana", como fuente interna de referencia para la reconstrucción del recorrido histórico completo (Revolución Francesa, Revolución Haitiana, Tratado de Basilea, Era de Francia, Reconquista y España Boba, ocupación haitiana, independencia de 1844, comparación económica colonial España-Cuba-Puerto Rico-Santo Domingo, y el debate sobre 1844 frente a 1865).