La noche del 27 de febrero de 1844, un grupo de hombres dio el grito de independencia en Santo Domingo, marcando el nacimiento formal de la República Dominicana tras veintidós años de ocupación haitiana. Pero detrás de esa fecha, que hoy se celebra como el día nacional dominicano, hay una historia mucho más compleja de lo que suele contarse: dos proyectos políticos en competencia directa, una clase ganadera que financió la gesta con sus propios recursos privados, y un personaje, Buenaventura Báez, que nunca creyó del todo en la independencia que ayudó a construir.
El telón de fondo: dos proyectos enfrentados
Como se explicó en el artículo anterior de esta serie, hacia el final de la ocupación haitiana coexistían dos visiones políticas claramente diferenciadas sobre el futuro del territorio. Por un lado, La Trinitaria, liderada por Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, defendía la independencia total y soberana, sin subordinación a ninguna potencia extranjera. Por otro lado, un sector de la élite económica dominicana, encabezado por Buenaventura Báez junto a Manuel María Valencia, pertenecía a la facción conocida como "los afrancesados", convencidos de que el territorio carecía de condiciones reales para sostenerse como nación independiente y que necesitaba, en cambio, el amparo de una potencia europea poderosa.
El Plan Báez-Levasseur: anexión, no independencia
El proyecto de Báez tenía nombre propio y un acuerdo concreto detrás: el Plan Báez-Levasseur. Los afrancesados habían negociado con el cónsul general de Francia en Puerto Príncipe (Haití), un funcionario llamado Levasseur, un plan que permitiera la separación de la parte este de la isla y su anexión directa a Francia. A cambio de facilitar esa anexión, Báez y sus aliados buscaban privilegios políticos, aduaneros y territoriales para sí mismos, entre ellos la cesión a perpetuidad de la Bahía de Samaná a Francia.
La lógica detrás de este plan no era simple ambición personal, aunque sin duda también la había. Tenía una racionalidad política concreta para la época: Santo Domingo, golpeado económicamente tras décadas de inestabilidad (España Boba, ocupación haitiana, antes de eso la Era de Francia), parecía a sus ojos incapaz de sostenerse como nación soberana sin el amparo militar y económico de una potencia fuerte. Francia, que además ya había tenido presencia directa en el territorio medio siglo antes con el Tratado de Basilea de 1795 y el gobierno de Ferrand, resultaba un candidato natural, particularmente entre las élites educadas en la cultura francesa, como el propio Báez, comerciante azuano educado en Francia.
La carrera contra el tiempo: los Trinitarios se adelantan
El plan de Báez tenía una fecha tentativa de ejecución: el 25 de abril de 1844. Pero los Trinitarios se enteraron de los planes afrancesados y, temiendo que estos se les adelantaran y entregaran el territorio a una potencia extranjera antes de poder proclamar una independencia genuina, decidieron por unanimidad fijar la noche del 27 de febrero de 1844 para dar el grito independentista, adelantándose así casi dos meses al plan de Báez con Francia.
Es uno de los giros más decisivos de toda esta historia: la fecha que hoy se celebra como independencia nacional dominicana no fue el resultado de una planificación tranquila y consensuada, sino una jugada de urgencia política, motivada directamente por el temor a que un proyecto rival, la anexión a Francia, se ejecutara primero.
El financiamiento real de la gesta: los hateros de El Seibo
Aquí entra una pieza fundamental que suele quedar en segundo plano frente al protagonismo simbólico de Duarte: la independencia dominicana no contó, en sus primeros meses, con un ejército profesional del Estado, porque el Estado dominicano apenas estaba naciendo. El país carecía de un ejército profesional permanente, y se necesitaba financiar las actividades revolucionarias con recursos disponibles en el momento.
Esos recursos vinieron, en gran medida, de la élite hatera del este del país, encabezada por Pedro Santana, un hombre de tierra y ganado en El Seibo, con un perfil completamente distinto al de los intelectuales trinitarios de la capital. Santana representaba a esta élite hatera, un grupo con visión conservadora que buscaba estabilidad a través del control militar y el apoyo a estructuras tradicionales de poder.
Santana logró movilizarse contra Haití gracias al apoyo de hateros amigos y socios, como Luis Tejera y Rita Pimentel, quienes lo respaldaron en la labor separatista, coordinando proclamaciones en El Seibo y Los Llanos antes del 27 de febrero de 1844.
El peso decisivo del contingente armado de Santana
El dato que confirma la magnitud de este apoyo privado es contundente: sin la participación militar y política de Pedro Santana, la separación de la parte oriental de la isla no hubiera sido posible, ya que él poseía un contingente de hombres armados que trabajaban en sus propias fincas, lo cual constituyó un apoyo decisivo para la separación de Haití. El 14 de marzo de 1844, apenas dos semanas después del grito de independencia, Santana salió hacia la frontera con un ejército de 2.000 hombres, entre los que se contaban hateros y monteros provenientes de El Seibo, Hato Mayor e Higüey.
Es importante subrayar lo que esto significa en términos prácticos: no se trataba de un ejército profesional formado y financiado por un Estado ya constituido, sino, literalmente, de la gente que trabajaba las propias tierras de Santana, armada y sostenida con recursos privados de la élite ganadera del este del país. La independencia dominicana, a diferencia de otros procesos de independencia en la región que contaron con apoyo estatal o extranjero más formal, dependió en una medida decisiva de caudillos regionales financiando con su propio patrimonio (ganado, tierras, peones) la defensa armada del nuevo Estado.
La paradoja de Santana: el padre fundador que nunca creyó en la república
Aquí se revela una de las ironías más profundas de toda esta historia, y que conecta directamente hacia adelante con los acontecimientos posteriores de la República Dominicana. El mismo Pedro Santana que financió y lideró militarmente la independencia de 1844 contra Haití fue, diecisiete años después, en 1861, el mismo personaje que terminó proclamando la anexión de la República Dominicana a España.
Esto no fue una contradicción repentina ni un giro inesperado en su pensamiento político. Según los historiadores, Santana nunca tuvo fe en la existencia de la república, y la anexión española fue siempre su obsesión particular. Su propio padre incluso le había confesado al cónsul francés que Santana hablaba con el más vivo entusiasmo de su devoción y admiración por los franceses, un dato que sugiere que la inclinación de Santana hacia el amparo de una potencia europea fuerte no era un capricho tardío, sino una convicción de fondo presente desde mucho antes de que él mismo financiara y liderara la independencia.
Es decir: el hatero que puso su dinero, sus tierras y sus peones para sacar a los haitianos del territorio en 1844 nunca creyó realmente en una República Dominicana independiente y soberana en el sentido en que sí la concebían los Trinitarios. Quería estabilidad bajo la protección de una potencia europea, y terminaría logrando exactamente eso, aunque por un período breve, con la anexión a España en 1861.
Báez no se rindió: el anexionismo como proyecto de vida
El fracaso del Plan Báez-Levasseur en 1844 no significó el final de las ambiciones anexionistas de Buenaventura Báez. En 1846, apenas dos años después de la independencia, visitó Europa para intentar convencer a Francia de establecer un protectorado sobre la República Dominicana, propuesta que Francia rechazó en esa ocasión.
Báez, sin embargo, se convirtió en un personaje recurrente del anexionismo dominicano a lo largo de toda su carrera política, que se extendería durante décadas. Más adelante, intentaría una estrategia similar con España, llegando a coincidir, en cierto momento, con la propia anexión liderada por Santana en 1861-1865, y, ya en la década de 1870, con Estados Unidos.
Dos visiones de nación que persistirían
Lo que este artículo deja claro es que la independencia dominicana de 1844 no nació de un consenso nacional homogéneo sobre qué tipo de Estado debía construirse. Nació de una carrera contra el tiempo entre dos proyectos políticos fundamentalmente distintos: uno que aspiraba a una soberanía plena y autónoma (los Trinitarios), y otro que veía en la protección de una potencia europea la única garantía real de estabilidad (los afrancesados liderados por Báez, y más adelante el propio Santana con España).
Esta tensión entre soberanía plena y búsqueda de protección externa no se resolvió de manera definitiva en 1844. Como demuestra la posterior anexión a España de 1861, y los repetidos intentos de Báez con distintas potencias a lo largo de su carrera, fue una tensión que atravesaría buena parte de la historia política dominicana del siglo XIX.
Lo que viene
El octavo y último artículo de esta serie da un paso atrás para responder la pregunta estructural que atraviesa todo este recorrido: ¿por qué España, durante casi setenta años, desde el Tratado de Basilea de 1795 hasta la evacuación final de 1865, nunca tuvo un interés económico real en conservar o proteger Santo Domingo, mientras que sí invirtió fuertemente en Cuba y Puerto Rico? La respuesta, como se verá, tiene menos que ver con la geografía y mucho más con la economía de plantación y la rentabilidad colonial.
Referencias
- Fuentes históricas generales sobre el surgimiento de La Trinitaria y la facción afrancesada liderada por Buenaventura Báez y Manuel María Valencia.
- Fuentes históricas generales sobre el Plan Báez-Levasseur, el acuerdo con el cónsul francés Levasseur en Puerto Príncipe, y la cesión propuesta de la Bahía de Samaná a Francia.
- Fuentes históricas generales sobre la decisión trinitaria de adelantar el grito de independencia al 27 de febrero de 1844 ante el temor de que el plan afrancesado se ejecutara primero.
- Fuentes históricas generales sobre el perfil de Buenaventura Báez como comerciante azuano educado en Francia.
- Fuentes históricas generales sobre el perfil de Pedro Santana como hatero de El Seibo y representante de la élite ganadera conservadora.
- Fuentes históricas generales sobre el financiamiento de la independencia mediante hateros y socios como Luis Tejera y Rita Pimentel, y la movilización del 14 de marzo de 1844 con un ejército de 2.000 hombres hacia la frontera.
- Fuentes históricas generales sobre la falta de un ejército profesional permanente en el nuevo Estado dominicano y la necesidad de financiar las actividades revolucionarias con recursos privados.
- Fuentes históricas generales sobre la posterior anexión de la República Dominicana a España liderada por Pedro Santana en 1861, y la afirmación histórica de que Santana nunca tuvo fe en la existencia de la república.
- Fuentes históricas generales sobre el viaje de Báez a Europa en 1846 para proponer un protectorado francés, y sus posteriores intentos de anexión con España y Estados Unidos.