El 22 de julio de 1795, en la ciudad suiza de Basilea, España firmó un tratado que cedió a Francia toda su mitad de la isla de La Española: Santo Domingo. Fue una decisión tomada en un escritorio diplomático europeo, a miles de kilómetros del territorio en cuestión, y motivada por razones que tenían poco que ver con el valor real de esa colonia. Lo curioso, y lo que este artículo busca explicar, es que firmar el tratado y ocupar efectivamente el territorio resultaron ser dos cosas completamente distintas, separadas por casi una década.
El contexto: España perdiendo la guerra en Europa
Para entender por qué España cedió Santo Domingo hay que mirar primero qué estaba pasando en Europa, no en el Caribe. Francia y España llevaban desde 1793 enfrentadas en la Guerra Franco-Española, parte del esfuerzo de las potencias europeas por contener a la Francia revolucionaria tras la ejecución de Luis XVI. España estaba perdiendo terreno, literalmente: tropas francesas habían ocupado zonas del territorio vasco peninsular, incluyendo Guipúzcoa.
El Tratado de Basilea resolvió ese conflicto bélico mediante un intercambio territorial. Francia le devolvió a España el territorio peninsular ocupado durante la guerra, y a cambio España le cedió Santo Domingo a Francia. En términos prácticos, Santo Domingo fue el "rescate" que España pagó para recuperar su propio territorio vasco. No fue una negociación centrada en el valor de la colonia caribeña; fue, ante todo, una variable de ajuste en una negociación europea mucho más amplia.
Por qué España no le dio importancia a lo que estaba cediendo
Este punto es clave y conecta con un patrón que se repetirá una y otra vez en esta serie: España nunca consideró que Santo Domingo fuera una pieza valiosa de su imperio. A diferencia de México, Perú o, más adelante, Cuba, Santo Domingo no estaba lleno de plantaciones ricas y productivas. Era, en cambio, una zona escasamente poblada, dedicada principalmente a la tala de madera y a la ganadería extensiva, como los famosos hatos del este de la isla, sin el tipo de economía de exportación masiva que sí caracterizaba a la vecina colonia francesa de Saint-Domingue.
Esa pobreza relativa hizo que fuera relativamente sencillo para la Corona española resignar el territorio a cambio de algo que sí le importaba de verdad: recuperar tierra peninsular y salir de una guerra que no estaba ganando.
La letra pequeña del tratado: una cesión condicionada
Lo que hace particularmente interesante este episodio es que el propio Tratado de Basilea contenía una cláusula que anticipaba el problema que vendría después. España cedía su porción de la isla a Francia, pero la transferencia efectiva del territorio se diferiría "hasta que la República estuviera en condiciones de defender su nuevo territorio de un ataque". Es decir: Francia sabía, desde el momento mismo de la firma, que no tenía capacidad inmediata de tomar posesión real y defender ese territorio. No fue un descuido posterior; fue una limitación reconocida desde el primer día.
Por qué Francia no pudo ocupar durante casi una década
Aquí entra en juego, otra vez, todo lo que se desarrolló en el segundo artículo de esta serie. Francia no tenía las manos libres para ocupar Santo Domingo por dos razones que se reforzaban mutuamente:
Primero, el caos total al otro lado de la isla. La situación de caos generalizado en que estaba inmersa la parte francesa de la isla, Saint-Domingue, debido al levantamiento de los esclavizados y a las luchas entre los distintos grupos étnicos y sociales, provocó que se postergara indefinidamente la entrega definitiva de la colonia española. Francia tenía, literalmente al lado, una guerra multilateral en marcha contra esclavizados rebeldes, fuerzas británicas y fuerzas españolas. No había tropas disponibles ni estabilidad administrativa para extender el control sobre un nuevo territorio cuando el territorio vecino, mucho más valioso económicamente, se le estaba escapando de las manos.
Segundo, las prioridades bélicas de Francia estaban en otra parte. Francia estaba satisfecha de que España se hubiera retirado de la guerra europea mediante el propio Tratado de Basilea, y a partir de ese momento concentró su atención militar en combatir a los británicos, que todavía ocupaban porciones de Saint-Domingue. Santo Domingo, la parte que antes era española, simplemente no era prioridad mientras existieran amenazas más urgentes y territorios más rentables en disputa.
El resultado: un territorio fantasma durante años
Durante buena parte de esos nueve años, Santo Domingo existió en una especie de limbo jurídico. Formalmente, ya no era española según el tratado firmado, pero tampoco tenía gobierno francés efectivo administrándola. Algunos colonos y funcionarios españoles permanecieron en sus puestos sin instrucciones claras; otros emigraron ante la incertidumbre. No hubo una transición ordenada ni una ruptura abrupta: hubo, más bien, una larga zona gris donde nadie ejercía un control firme.
1801: quien finalmente ocupa el territorio no es el ejército francés metropolitano
La resolución de este vacío llegó, finalmente, en enero de 1801, pero no de la manera que cabría esperar. No fue una expedición militar enviada desde Francia continental. Fue Toussaint Louverture, ya entonces general de la propia República Francesa tras su alianza con el gobierno revolucionario, quien tomó la iniciativa.
El 25 de enero de 1801, las fuerzas de Toussaint Louverture derrotaron a las fuerzas españolas remanentes cerca del río Nizao, y al día siguiente las tropas victoriosas marcharon hacia la ciudad de Santo Domingo, que tomaron sin apenas resistencia. El gobernador español capituló casi sin oponer batalla, conforme con una realidad que ya era evidente: España no tenía ni la voluntad ni los recursos para defender un territorio que ya había cedido formalmente seis años antes.
La jugada propia de Toussaint
Es importante no simplificar este episodio como un simple cumplimiento burocrático de lo acordado en Basilea. Toussaint actuó bajo el pretexto de ejecutar el Tratado de Basilea, pero en la práctica fue una jugada estratégica propia: quería el control de la isla completa bajo su mando, no solo de la antigua Saint-Domingue francesa. Al ocupar Santo Domingo, Toussaint consolidaba su poder personal sobre la totalidad de La Española, convirtiéndose de facto en el gobernante de toda la isla, mucho antes de que existiera siquiera la nación de Haití como tal.
Esta jugada también abolió la esclavitud en el territorio antes español, extendiendo ahí los mismos principios que ya regían en la parte francesa de la isla desde 1794.
Una ocupación efímera: la llegada de Leclerc
El triunfo de Toussaint en Santo Domingo duró poco. Apenas un año después, en 1802, Napoleón, ya consolidado como Primer Cónsul en Francia, envió la expedición de su cuñado Charles Leclerc para revertir tanto la independencia de facto de Toussaint como la abolición de la esclavitud. Las tropas de Leclerc, que como vimos en el artículo anterior fracasarían estrepitosamente en la parte oeste de la isla por la fiebre amarilla y la resistencia liderada por Dessalines, sí lograron ocupar la antigua Santo Domingo español en 1802, en su avance inicial.
Cuando el general francés Jean-Louis Ferrand, subordinado de Leclerc, se vio frente a la inminente derrota total de las fuerzas francesas en la parte oeste de la isla a finales de 1803, tomó una decisión crucial que marcaría los siguientes años: en lugar de capitular junto con el resto del ejército francés, se retiró hacia el territorio de Santo Domingo y se atrincheró ahí, decidido a preservar al menos esa porción de la isla bajo control francés.
El cierre de un ciclo de nueve años
Si se cuenta desde la firma del tratado en julio de 1795 hasta la ocupación real con Ferrand consolidándose como gobernador en enero de 1804, son efectivamente unos nueve años de demora entre la cesión formal y la administración francesa estable del territorio. Si se cuenta, en cambio, desde la ocupación física inicial de Toussaint en 1801, el periodo se reduce a unos tres años antes de que Ferrand tomara las riendas de manera más duradera.
En cualquiera de los dos casos, el patrón es el mismo y es el que atraviesa toda esta serie: cada vez que Francia tenía la atención puesta en otro frente, ya fuera la guerra europea, la rebelión en Saint-Domingue, o más adelante la invasión a España de 1808, el territorio de Santo Domingo quedaba relegado a un segundo plano, gobernado de manera improvisada por quien tuviera la capacidad militar inmediata de ocuparlo, no necesariamente por mandato directo y sostenido desde París.
Lo que viene
El siguiente artículo de esta serie se adentra en el periodo de gobierno de Jean-Louis Ferrand entre 1804 y 1809: sus planes de convertir Santo Domingo en una segunda Saint-Domingue productiva, sus contradicciones internas, y por qué, a pesar de sus intenciones declaradas de respetar las costumbres hispánicas locales, su proyecto colonial terminó fracasando de manera definitiva.
Referencias
- Fuentes históricas generales sobre el Tratado de Basilea (22 de julio de 1795) y el intercambio territorial entre Francia y España.
- Fuentes históricas generales sobre la condición de Santo Domingo como colonia de bajo valor económico para España, dedicada a tala de madera y ganadería, en contraste con Saint-Domingue.
- Fuentes históricas generales sobre la cláusula del tratado que postergaba la transferencia efectiva del territorio hasta que Francia pudiera defenderlo.
- Fuentes históricas generales sobre el caos en la parte francesa de la isla como causa de la postergación indefinida de la entrega de la colonia española.
- Fuentes históricas generales sobre la prioridad francesa de combatir a Gran Bretaña en Saint-Domingue por encima de la ocupación de Santo Domingo tras Basilea.
- Fuentes históricas generales sobre la campaña de Toussaint Louverture en Santo Domingo español, la Batalla del río Nizao (25 de enero de 1801) y la capitulación española.
- Jean-Louis Ferrand, artículo de referencia biográfica (Wikipedia), sobre su retirada hacia Santo Domingo en 1803 en lugar de capitular junto al resto de las fuerzas francesas en Saint-Domingue.