Cuando quedarse en casa se convierte en una experiencia placentera Hay una edad o quizá una carga de trabajo, en la que uno descubre algo que veinte años atrás habría parecido casi una derrota social: un sábado perfecto puede consistir en no salir a ninguna parte. El hogar como espacio de descanso y recuperación. Foto: Shixart1985 / Nenad Stojković, Wikimedia Commons, CC BY 2.0. Casi llegando a mis cuarenta años me resulta curioso reconocerlo porque durante mucho tiempo el descanso parecía venir acompañado de una obligación implícita: si era fin de semana, había que hacer algo; si había dinero, había que salir; si alguien invitaba, rechazar la invitación podía interpretarse como aburrimiento, tacañería o falta de vida social. Ahora puedo tener el sábado libre, disponer del dinero para salir, recibir una invitación perfectamente razonable y pensar, con absoluta tranquilidad: no quiero ir a ninguna parte . No estoy hablando d...
Un rincón en medio del alborotado internet de siempre. Una voz en medio del bullicio normalizado.