El problema del celoso no es lo que duda, sino lo que imagina Hace poco una amiga me contó lo que vive con su pareja. Un hombre que está lejos, que vive en la sala de la casa de su madre, que duerme hasta las dos de la tarde, pero que exige saber dónde está ella a cada momento. Si no tiene internet, es un problema. Si sale sola, es sospechosa. Si menciona al padre de sus hijos — un hombre que ni le habla — es motivo de interrogatorio. Mientras tanto, ella trabaja, cría sola, resuelve con lo poco o mucho que tiene, y le da gracias a Dios porque de algún lado siempre aparece lo necesario. Escuchándola pensé en esa frase que alguien dijo alguna vez: que el problema del celoso no es lo que duda, sino lo que imagina . Y ahí está la clave de todo. La duda es solo la chispa. La imaginación es el incendio. Cuando alguien pregunta "¿dónde estás?", eso es una duda. Una pregunta con respuesta. Pero el celoso no quiere la respuesta, porque ya tiene la suya: la que fabricó su cabez...
Un rincón en medio del alborotado internet de siempre. Una voz en medio del bullicio normalizado.