Mi tribuna es totalmente digital
Nadie abraza la tecnología con más fervor que yo. Así como se oye. Soy de los que resuelven todo con un hack, con un código, con una herramienta digital. En mi labor docente y administrativa, recurro a la inteligencia artificial o a cualquier recurso disponible para optimizar el tiempo o destrabar un proceso. Mi intención primaria siempre es resolver, aunque en el camino el resultado termine impresionando a los demás, gracias a los robustos sistemas de gestión que las bondades de internet nos permiten crear.
Creo en el internet. Disfruto sus bondades. Pero precisamente por eso, debo hacer una pausa y reconocer una pérdida cultural invaluable: nos hemos quedado sin refranes.La fuerza de un refrán
Nuestros ancestros, muchos de ellos sin educación formal o incluso analfabetos, poseían una agudeza intelectual admirable. Eran capaces de reproducir y crear adagios pintorescos, cargados de una lógica aplastante. En nuestra tierra, un campesino del Cibao le otorgaba su inconfundible matiz rural a una frase, mientras que en el Este la sabiduría tomaba otro color. Eran fórmulas breves, pero cargadas de sentido. No necesitaban explicación.
"Camarón que se duerme se lo lleva la corriente."
"Más sabe el diablo por viejo que por diablo."
"El que a hierro mata, a hierro muere."
"El que mucho abarca, poco aprieta."
Cuatro u ocho palabras bastaban para sentenciar una verdad.
Fáciles de recitar.
Fáciles de recordar.
Difíciles de refutar.
Esa era su potencia: síntesis con permanencia.
Hoy, en cambio, el refrán ha sido sustituido por el meme.
La tensión millenial: entre el meme y el refrán
Y aquí está la ironía: si somos honestos, los millennials somos en gran parte responsables de esta transición. Empezamos de manera rudimentaria, utilizando figuras básicas como el rostro de Yao Ming para encapsular nuestra felicidad, tristeza, miseria o simple autoindulgencia. Ya estábamos desplazando la palabra sola por la imagen con texto. Hoy nos lamentamos de no usar los refranes de nuestros padres, pero fuimos nosotros quienes pavimentamos el camino hacia esta nueva forma de comunicación.
El meme moderno evolucionó hacia la foto hipertextualizada y el video corto. Posee líneas que se clavan en el imaginario colectivo y se hacen virales, sustituyendo por completo la función que antes cumplía el adagio.Pero hay una diferencia esencial, y es lo que más lamento de esta actualidad: la pérdida de la capacidad de síntesis autónoma.- El refrán no necesitaba estímulo visual para impactar. El meme sí.
- El refrán se sostenía por sí solo; exigía un mínimo de abstracción para ser comprendido. El meme, por el contrario, es esclavo del estímulo. Para conectar conmigo, primero debe bombardear mis sentidos, llamar mi atención visual o auditiva con un formato prefabricado. Depende de un vehículo externo para entregar su mensaje.
- El refrán condensaba sabiduría. El meme condensa contexto. El refrán era palabra desnuda. El meme es palabra asistida.
- Y lo más importante: el refrán aspiraba a durar generaciones. El meme puede sentirse obsoleto en dos meses.
Desafiando la incapacidad de abstracciones lógicas
Hoy, si lanzo un refrán ante una población joven, en ocasiones me veo obligado a dar el contexto. Y un refrán que se explica sufre el mismo destino trágico que un chiste explicado: pierde toda su gracia. Antes, con un mínimo de capacidad abstracta, cualquiera entendía. Hoy, la abstracción compite contra la inmediatez.
Esto explica como hemos perdido la capacidad de forjar nuevos refranes. Nuestras nuevas cápsulas de sabiduría son reproducciones virales que, así como irrumpen en la red, desaparecen en el abismo del olvido. Un meme puede ofrecer una línea brillante hoy, pero mañana estará irremediablemente obsoleto. Ante esta caducidad, el refrán clásico permanece impecable.
Por eso aclaro debidamente que este pieza escrita no es un rechazo a la tecnología, ni de un resentido analogo, sino mas bien, es un lamento desde la tecnología. Es la reflexión de alguien que ha ganado eficiencia, velocidad e innovación, pero que sospecha que en el proceso hemos perdido densidad cultural.
No estoy en contra del meme. Reconozco su creatividad, su poder de síntesis emocional. Pero cuando la cultura deja de producir expresiones refraneras y solo produce frases virales dependientes de estímulo audiovisual, algo cambia.
Mi elegía con profundo pesar va...
Presento, pues, esta elegía. Un llamado a recuperar la cultura refranera, a devolverle el peso a la palabra desnuda, sin la necesidad obligatoria de recurrir a la música en tendencia ni a la frenética creación memética del video viral.
Lamento profundamente, y con pesar,
el abandono de una práctica ancestral,
que le ha dado a la hispanidad,
prestigio, distinción y dignidad.
Verdades reflejadas, como escritas en piedra,
hoy se ven desplazadas por lo que en pantallas medra:
frames, fotos superpuestas,
recortes de discursos, frases compuestas.
De una peli, de un marco, de lo más recóndito puede nacer;
no puedo negar su rápido poder.
Pero así como ebulle e impresiona masivamente,
se olvida vertiginosamente,
como apócrifa voz que se esfuma de la mente.
Y es con profunda angustia que quisiera recuperar
esa capacidad de sintetizar cualquier verdad:
pocas palabras, sin necesidad de explicación,
verdades eternas, repetidas de generación en generación.
Quizás el desafío no sea eliminar el meme, sino recuperar la ambición del refrán: crear expresiones que no dependan de estímulo, que no necesiten viralidad, que puedan sobrevivir al algoritmo.
Las ideas grandes, después de todo, nunca han necesitado más de cuatro palabras para perdurar y explicarnos el mundo.