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[OPINIÓN] Bryan Herrera: Un Llamado a la Reflexión Pastoral sobre Crítica, Construcción y Llamamiento

Nota inicial: Una confesión honesta

Debo comenzar con una confesión: antes de escribir estas líneas, no conocía bien a Bryan Herrera. Mi primera impresión vino de su contenido en Instagram, donde su lenguaje y estilo me recordaban mucho a los canales reformados que critican prácticas pentecostales. El tono, la forma de señalar errores, las reacciones a "fails" de predicadores, todo me sugería que estaba ante alguien influenciado por figuras como Sugel Michelén o Miguel Núñez.

Pero luego vi su contenido en YouTube. Y me encontré con algo inesperado: videos titulados "Dos Razones por las que abandoné el Calvinismo", "Romanos 9: Exégesis Completa (NO CALVINISTA)", "Calvinismo, la Teología al revés."

Esto me confundió genuinamente. ¿Cómo alguien que suena tan reformado en Instagram está activamente refutando el calvinismo en YouTube?

Después encontré su testimonio personal donde explica que fue calvinista por diez años, que estuvo inmerso en el mundo reformado, pero que eventualmente abandonó esas doctrinas. También menciona que tiene un líder en su iglesia local que lo ha acompañado en este proceso.

Así que debo ser honesto: mi confusión inicial era producto de no conocer su historia. Bryan es un pentecostal confeso que pasó por el calvinismo y salió de él. Eso está claro ahora.

Sin embargo, habiendo aclarado mi error inicial, sí hay aspectos de su ministerio público que merecen reflexión fraterna. No sobre quién es teológicamente, sino sobre cómo ejerce su labor de crítica pública.

Primera reflexión: El problema de las dos imágenes

Hermano Bryan, hay algo que me genera inquietud genuina: la diferencia marcada entre tu presencia en Instagram y tu presencia en YouTube.

En YouTube encuentro a un Bryan serio, pastoral, que hace exégesis de hora y media sobre Romanos 9, que estudia las bienaventuranzas con cuidado, que analiza la conversación de Nicodemo con profundidad. Es contenido denso, reflexivo, de alguien que quiere ser tomado en serio como expositor bíblico.

En Instagram encuentro algo diferente. El tono es más de "memero" que de maestro. Reacciones rápidas a errores de predicadores. Sarcasmo. Burla apenas velada. El estilo recuerda más a canales de entretenimiento que a ministerio pastoral.

¿Por qué esto importa?

Porque la incoherencia confunde. Si tu llamado es ser expositor serio de las Escrituras y apologista que defiende la sana doctrina, el personaje de Instagram desluce esa imagen. No se puede ser "Bryan el que se burla de pentecostales" un día y "Bryan el expositor serio" al siguiente sin que algo se pierda en el camino.

Esto no es un problema menor de "branding" personal. Es un problema de testimonio. La gente que te ve burlándote en Instagram tiene dificultad para tomarte en serio cuando predicas en YouTube. Y la gente que te respeta por tu contenido serio se desanima cuando ve el tono de tus reels.

El apóstol Santiago advierte que de una misma fuente no puede brotar agua dulce y amarga. Si tu boca edifica en YouTube, ¿por qué permite burla en Instagram? Son la misma boca, el mismo ministerio, la misma persona.

Una invitación: Considera unificar tu imagen pública. Si tu llamado es enseñar y edificar, que todo tu contenido refleje eso. Si decides que Instagram es para contenido más ligero, al menos que el tono sea de gracia, no de superioridad sarcástica.

Segunda reflexión: La pragmática del discurso

Hermano Bryan, más allá del contenido de tus críticas, que muchas veces es teológicamente válido, hay un problema con la forma en que las expresas.

Frases como "manito, no tienes las herramientas ni la madurez" o "tú no puedes participar de esta conversación" comunican algo que probablemente no quieres comunicar: superioridad intelectual y desprecio hacia quienes consideras menos preparados.

Puedes tener razón en tu doctrina y estar equivocado en tu tono. Las dos cosas no son mutuamente excluyentes.

El apóstol Pablo, a quien a veces invocas para justificar la confrontación pública, también escribió esto: "Y un siervo del Señor no debe andar en contiendas, sino ser amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen."

¿Mansedumbre? ¿Amabilidad? ¿Sufrido?

Hermano, revisa tu contenido y pregúntate honestamente si esas palabras describen tu tono general.

Hay una diferencia entre firmeza y dureza. Jesús fue firme con los fariseos, pero lloraba por Jerusalén. Pablo confrontó a Pedro públicamente, pero también escribió que quisiera ser él mismo anatema por sus hermanos judíos. El profeta Jeremías denunciaba a Judá, pero se le conoce como "el profeta llorón" porque su corazón se quebraba por aquellos a quienes confrontaba.

¿Dónde están tus lágrimas, hermano? ¿Dónde está el quebranto por aquellos que enseñan error? ¿O solo hay satisfacción intelectual de señalar sus fallas?

No te pido que dejes de confrontar error doctrinal. Te pido que examines si la forma en que lo haces refleja el corazón de Cristo o solo tu propia frustración con el pentecostalismo que te rodea.

Tercera reflexión: "El Arte de Predicar"

Hermano Bryan, aquí hay una contradicción que me parece importante señalar.

En tu contenido criticas, con razón, el performativismo pentecostal. Señalas que muchos predicadores han convertido el púlpito en escenario, la predicación en show, y la congregación en audiencia que aplaude "códigos" en lugar de ser discipulada por la Palabra.

Esta crítica es válida y necesaria. El culto no es entretenimiento. La predicación no es performance.

Pero luego ofreces una "Masterclass de El Arte de Predicar."

Hermano, ¿no ves la tensión?

La palabra "arte" centra la atención en el artista y su técnica. El arte busca impresionar a través de habilidad. El arte da protagonismo al ejecutante.

La predicación bíblica hace exactamente lo opuesto. Centra a Dios, no al predicador. Busca fidelidad, no impresión. El predicador es heraldo que transmite un mensaje que no es suyo, no artista que crea una obra propia.

Pablo lo dijo claramente: "No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor." Y también: "Ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder."

¿"Arte de predicar"? Pablo hubiera rechazado esa frase.

No es solo semántica. Las palabras que usamos revelan nuestras presuposiciones. Si piensas en la predicación como "arte", inconscientemente estás centrando la técnica humana. Si piensas en ella como "exposición fiel" o "heraldo del evangelio", centras el mensaje y a Dios.

Los reformadores que tanto han influido en tu formación teológica jamás hablaron de "arte de predicar." Calvino hablaba de exposición. Spurgeon, de ser heraldo. Lloyd-Jones tituló su obra clásica "Predicación y Predicadores", no "El Arte de Predicar."

Además, ofrecer esto como "masterclass" pagada añade otra capa de tensión. Si es ministerio genuino, ¿por qué no ofrecerlo gratuitamente? "De gracia recibisteis, dad de gracia", dijo Jesús.

Una invitación: Considera reformular tanto el lenguaje como el modelo. "Taller de Exposición Bíblica" comunicaría mejor lo que probablemente quieres enseñar. Y ofrecerlo como servicio a la iglesia, no como producto comercial, sería más coherente con el mensaje que predicas.

Cuarta reflexión: La analogía apostólica

Hermano Bryan, en tu defensa de la crítica pública a predicadores, invocas el precedente de Pablo confrontando a Pedro en Gálatas 2. Tu argumento es que cuando el error es público, la corrección debe ser pública. Citas también 1 Timoteo 5:20 sobre reprender públicamente "para que los demás teman."

Tu hermenéutica aquí tiene mérito. Es cierto que Mateo 18 aplica a ofensas personales privadas, no a error doctrinal público. Es cierto que hay precedente bíblico para confrontación pública.

Pero hay un problema fundamental con la analogía que usas: tú no eres Pablo, y los predicadores que criticas no son Pedro.

Déjame explicar por qué esto importa.

Pablo podía confrontar a Pedro públicamente porque eran pares apostólicos. Ambos tenían autoridad reconocida por la iglesia. Ambos habían sido comisionados directamente por Cristo. Pablo no era un comentarista externo criticando desde su plataforma personal. Era un apóstol confrontando a otro apóstol sobre un asunto que tocaba el corazón mismo del evangelio.

Tú, hermano Bryan, eres músico profesional, locutor de radio, y creador de contenido digital. Tienes dones genuinos y formación teológica autodidacta que es evidente. Pero no eres apóstol. No tienes autoridad eclesial reconocida sobre aquellos a quienes criticas. No eres "par" de los pastores y predicadores que señalas.

Esto no significa que no puedas señalar error doctrinal. La iglesia siempre ha tenido espacio para que laicos con discernimiento adviertan sobre falsas enseñanzas.

Pero sí significa que no puedes usar la analogía de Pablo y Pedro para justificar tu método. Esa analogía es categóricamente inaplicable a tu situación.

Creer que tienes la verdad no te otorga autoridad apostólica. Tener razón doctrinalmente no te convierte en Pablo. Identificar error en otros no te hace su igual jerárquico ni te da derecho a confrontarlos con el mismo tono que un apóstol usaría con otro apóstol.

Hay una diferencia entre decir: "Este predicador enseña error y aquí está por qué bíblicamente" y actuar como si tuvieras autoridad apostólica para reprenderlo públicamente como Pablo a Pedro.

Lo primero es legítimo. Lo segundo es pretencioso.

Una invitación: Confronta error cuando sea necesario, pero hazlo con la humildad de quien reconoce que no es apóstol, no con el tono de quien se cree con autoridad sobre aquellos a quienes critica.

Quinta reflexión: La demanda como llamado a reflexión

Hermano Bryan, sé que has sido citado judicialmente por contenido en el que criticaste a un predicador. No conozco los detalles del caso y no me corresponde opinar sobre el proceso legal en sí.

Pero sí quiero invitarte a considerar algo: sea cual sea el resultado de ese proceso, es una oportunidad para reflexión, no para construir un discurso de martirio.

La tentación será grande de presentarte como "perseguido por defender la fe." Es una narrativa atractiva. Te posiciona como valiente defensor de la verdad contra los poderosos que quieren silenciarte.

Pero hermano, seamos honestos: nadie te obligó a hacer ese video.

Tú decidiste grabar esa crítica. Tú decidiste el tono que usaste. Tú decidiste publicarla para tu audiencia. Esas fueron tus decisiones, y las decisiones tienen consecuencias.

La pregunta que deberías hacerte no es "¿por qué me persiguen?" sino "¿era necesario ese video de esa manera?"

Si el error doctrinal era grave, ¿había otras formas de abordarlo que no terminaran en tribunales? ¿Intentaste contactar al predicador privadamente primero? ¿El tono que usaste fue de corrección fraterna o de burla pública?

Si ganas el caso, no significa que tu método sea correcto. Solo significa que legalmente no cruzaste la línea de la difamación.

Si pierdes el caso, no necesariamente significa "persecución." Puede significar que tu forma de expresarte cruzó líneas que no debiste cruzar.

En cualquier escenario, el llamado es el mismo: revisar tu tono.

La crítica doctrinal legítima rara vez termina en tribunales. Cuando termina ahí, generalmente es porque algo en la forma fue problemático, no solo el contenido.

Pablo fue encarcelado por predicar a Cristo resucitado. Por proclamar que Jesús es Señor. Por llamar a judíos y gentiles al arrepentimiento. Eso es persecución por el evangelio.

Ser demandado por cómo criticaste el simbolismo litúrgico de un predicador en un video de redes sociales... eso es otra cosa, hermano. No lo confundas.

Una invitación: Usa este proceso, independientemente de su resultado, como oportunidad para examinar tu metodología. No para victimizarte, sino para crecer. Pregúntate honestamente si había una forma mejor de hacer lo que hiciste. Y si la había, aprende de ello.

Conclusión: Una palabra fraterna

Hermano Bryan, quiero cerrar reiterando algo importante: no escribo esto como enemigo. No te conozco personalmente, y mi impresión inicial de ti estaba equivocada en varios aspectos. Eso lo reconozco abiertamente.

Tampoco escribo para invalidar tu ministerio. Tu celo por la sana doctrina es evidente. Tu capacidad para comunicar verdades teológicas complejas de manera accesible es un don real. Tu salida del calvinismo después de diez años, hecha con honestidad intelectual, habla bien de tu disposición a seguir la verdad aunque cueste.

El pentecostalismo dominicano necesita voces que llamen a mayor rigor bíblico. En eso, tu labor tiene valor.

Pero las observaciones que comparto aquí me parecen legítimas:

  1. La incoherencia entre tu imagen de Instagram y tu imagen de YouTube confunde y resta credibilidad a tu mensaje serio.
  2. El tono de superioridad intelectual en tu crítica no refleja el corazón quebrantado de los profetas bíblicos que lloraban por aquellos a quienes confrontaban.
  3. Llamar "arte" a la predicación contradice tu propia crítica al performativismo pentecostal y centra la atención en la técnica humana en lugar del mensaje divino.
  4. Usar la analogía de Pablo y Pedro para justificar tu método es categóricamente inaplicable porque no eres apóstol ni par de quienes criticas.
  5. Y el proceso legal que enfrentas, sea cual sea su resultado, es llamado a examinar tu tono, no plataforma para discurso de martirio.

Nada de esto invalida las verdades doctrinales que enseñas. Pero el mensajero afecta cómo se recibe el mensaje. Y algunas cosas en tu forma de ser mensajero merecen reflexión.

Que el Señor te dé sabiduría para discernir entre celo legítimo y orgullo disfrazado de ortodoxia. Que te dé gracia para confrontar error con mansedumbre. Y que tu ministerio, tanto en YouTube como en Instagram, refleje cada vez más el corazón de Cristo hacia su iglesia.

Con respeto fraterno,

Un hermano que también está en proceso de ser corregido

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