Revisaba unos videos antiguos cuando de repente saltó a mi mirada uno con este título: "Una Perspectiva Bíblica Sobre El Lamento en Tiempos de Coronavirus". Abril de 2020. Lo empecé a escuchar y todo volvió. Parece lejano hoy — cinco años ya — pero qué difícil fue entonces. Llevábamos más de treinta días encerrados. Nadie sabía hasta cuándo. Me pidieron que dijera algo y no sabía qué decir. No quería dar un mensaje fatalista, pero tampoco podía fingir un optimismo que no sentía. Preparé un bosquejo, sí, pero estaba tan confundido como todos. Era el sentimiento generalizado: muchas preguntas, pocas respuestas.
Escuchándolo ahora, puedo ver la estructura que intenté armar en medio de esa incertidumbre. Partí del Salmo 6, un texto de lamentación pura donde David clama enfermo, agotado, con los huesos que tiemblan y el alma turbada. Me pareció el punto de partida más honesto: no un salmo de victoria, sino uno de angustia.
Desde ahí desarrollé lo que llamé "la tradición bíblica del lamento" — esa práctica olvidada de llevar nuestra confusión a Dios sin exigir respuestas. Distinguí entre la queja, que reclama con amargura, y el llanto, que reconoce nuestra necesidad sin condiciones. Recorrí varios salmos — el 13, el 22, el 88 — y recordé los 400 años de Israel en Egipto: cuatro siglos de silencio divino que nadie puede explicar todavía.
También me atreví a cuestionar algo que me incomodaba: ese positivismo religioso que insiste en que el cristiano siempre debe estar victorioso, nunca derrotado, nunca llorando. Lo llamé "anti-bíblico" porque deja a la gente sin herramientas cuando el sufrimiento real llega. Y en abril de 2020, el sufrimiento era muy real.
Cerré con la meditación en la Palabra y con un versículo que me sostuvo: "Creí, por lo cual hablé, estando afligido en gran manera". Esa fue mi conclusión — lamentarse sí, llorar sí, pero sin soltar la fe. No porque tuviera respuestas, sino porque no tenía otra cosa a qué aferrarme.
Dejo el video arriba, como testimonio de una época que no quiero olvidar. Como recordatorio que de que lamentarse tambien es válido cuando no entendemos el dolor.