[REFLEXIÓN TEOLÓGICA] Cuando se usa la Biblia para linchar públicamente a otros: La Falacia de la Inmunidad Digital
Crónica de una "Santa Indignación" (y un citatorio inesperado)
Todo comienza un día cualquiera. Estás en tu sofá, deslizando el dedo por la pantalla del celular (scroll, scroll, scroll), buscando algo que te entretenga o te edifique. De repente, el algoritmo, que parece conocer tus fobias mejor que tú mismo, te muestra un video.
Es un predicador de otra línea teológica. Quizás grita mucho. Quizás hizo un gesto extraño. Quizás dijo una frase fuera de contexto o simplemente tiene un estilo que te choca culturalmente.
En ese preciso instante, sientes un "fuego" en tu interior. No, no es el Espíritu Santo llamándote a orar por él. Es algo más visceral: la adrenalina de la "corrección", mezclada con una pizca de desprecio intelectual y, tal vez sin admitirlo, el hormigueo anticipado del engagement.
Tienes opciones cristianas, humanas, sencillas:
- Ignorar y pasar de largo
- Orar por esa persona, aunque no estés de acuerdo
- Hablar en privado si el error te parece grave y tienes acceso
- Hacer "swipe down" y seguir con tu día
- Bloquear la cuenta si te perturba
Pero ninguna de esas opciones parece suficiente. Hay una quinta, más seductora, que se presenta con el disfraz del celo: "Tengo que decir algo. Esto no puede quedar así. La gente está siendo engañada. El Reino de los Cielos depende de mi intervención inmediata."
Y así, en vez de ejercer dominio propio, das rienda suelta al impulso. No ves a un hermano posiblemente equivocado; ves un "contenido". Un clip perfecto. Un "fail" evangélico. Leña lista para el fuego de tu propia plataforma.
Te convences a ti mismo: "No es por morbo, es por la defensa de la fe".
Grabas tu video. Eliges un tono: sarcástico, de superioridad doctrinal, el de quien "tiene las herramientas" que el otro claramente no tiene. Le pones tu cara reaccionando con muecas de desdén. Usas hashtags picantes. El sarcasmo como espada y la burla como escudo.
Y entonces… ¡Boom! El algoritmo te premia. Las notificaciones explotan. "Jajaja, así mismo es", comentan tus seguidores. "Duro con ellos, maestro", dicen otros. 10,000 likes. 50,000 reproducciones. 100,000 reproducciones.
Te sientes validado. Te sientes un profeta moderno, un Elías degollando a los profetas de Baal digitales. Parte de una comunidad digital de "los que saben", una resistencia ilustrada contra la ignorancia pentecostal, el emocionalismo vacío, el showmanship disfrazado de unción. Te ríes con los comentarios más ingeniosos. Te inflas con la viralidad. Te sientes intocable. Has convertido el error ajeno en el combustible de tu relevancia.
Hasta que, semanas después, el timbre de la puerta (o un correo electrónico) interrumpe tu gloria digital. No es un nuevo seguidor. No es una invitación a predicar. Es un alguacil. Es una notificación legal. Es una demanda por difamación e injuria.
De repente, ya no te ríes tanto. El "fuego" de la indignación se convierte en el hielo del miedo. La adrenalina del engagement fue reemplazada por la ansiedad fría de lo legal. La comunidad de seguidores que te aplaudía ahora se divide: unos te animan a "seguir firme, es persecución", otros empiezan a cuestionar tu método.
Y es justo aquí donde ocurre el segundo fenómeno fascinante: tú y tus defensores más acérrimos sacan el arma final: la Biblia. O, más precisamente, un versículo fuera de su vaina.
"¡Un hermano no puede llevar a otro hermano a juicio!", gritan. "¡Lean 1 Corintios 6!", exigen indignados. "¡La Biblia prohíbe las demandas entre cristianos! ¿Cómo se atreve a demandarme si somos hermanos?"
Ignoran, convenientemente, un pequeño detalle: tú atacaste primero. Tú lanzaste la piedra en la plaza pública mundial. Pero ahora que la ley te pide cuentas, quieres esconderte detrás de un versículo mal interpretado para reclamar una inmunidad diplomática espiritual.
Es hora de hablar seriamente sobre 1 Corintios 6 y por qué la Biblia no es un escudo para la difamación pública.
La Exégesis Necesaria: Por qué 1 Corintios 6 no es una "Salida Libre de la Cárcel"
El pasaje de 1 Corintios 6:1-8 es frecuentemente usado como un cheque en blanco para la impunidad dentro de la iglesia. La lógica popular es: "No importa cuán grave sea el daño que un cristiano le haga a otro, la víctima no puede acudir a la ley porque 'es pecado'".
Esta interpretación no solo es pobre; es peligrosa. Para entender por qué este texto no aplica a casos de difamación pública entre ministerios inconexos, debemos analizar tres factores cruciales: La Jurisdicción, La Naturaleza del Conflicto y El Escenario.
1. El Factor Jurisdicción: La Premisa de la Comunidad Local
Pablo escribe: "¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos?" (v.1).
La premisa fundamental de Pablo es la existencia de una instancia judicial alternativa y competente: la Iglesia. Pablo está escribiendo a la iglesia local de Corinto, una comunidad específica. Esta es la clave que cambia todo.
El escenario bíblico es el siguiente:
- Comunidad: Una sola congregación en la ciudad de Corinto
- Relación: Hermanos de fe que se conocen, que comparten la mesa del Señor, que son parte del mismo cuerpo local. Son pares dentro de una misma familia espiritual
- Conflicto: Pleitos civiles entre ellos. Probablemente disputas por propiedad, herencias, negocios, deudas. Asuntos privados o personales que surgieron de su interacción natural como miembros de una misma comunidad
- Problema: En vez de resolver estos asuntos domésticos internamente (con la ayuda de los sabios de la congregación), los llevaban ante los tribunales paganos de Corinto
La instrucción es: "No vayan a los jueces paganos; resuélvanlo aquí adentro, entre nosotros, porque aquí tenemos gente sabia para juzgar". El mandato de Pablo es pastoral y comunitario: "Arréglenlo en casa. No saquen la ropa sucia de la familia a la plaza pública pagana."
El Jaque Mate Exegético: Para que 1 Corintios 6 aplique, debe existir un tribunal eclesial con autoridad sobre ambas partes.
En el caso de un influencer que ataca a un pastor de otra denominación, en otra ciudad, o incluso en otro país:
- Ellos no comparten iglesia local
- No comparten concilio
- No tienen un pastor común
- No existe una mesa de ancianos que tenga la autoridad de sentar a ambos, disciplinar al ofensor y restaurar al ofendido
- No hay relación pastoral ni fraternidad práctica
Si no existe la jurisdicción eclesial común, el vacío de justicia es inaceptable. Dios es un Dios de justicia. Si la iglesia no tiene los mecanismos para juzgar el caso (porque no tiene jurisdicción sobre el agresor), entonces entra en función Romanos 13: la autoridad civil, que "no en vano lleva la espada" para castigar al que hace lo malo.
Usar 1 Corintios 6 para evitar una demanda cuando no existe una estructura eclesial que pueda resolver el conflicto es pedir anarquía, no santidad.
2. La Naturaleza del Conflicto: "Cosas de esta vida" vs. Delitos Públicos
Pablo pregunta: "Si, pues, tenéis juicios sobre cosas de esta vida..." (v.4). La palabra griega refiere a asuntos cotidianos, biōtika (negocios, propiedades, deudas, agravios menores).
El contexto sugiere disputas civiles privadas: "Tú me debes dinero", "Tú ocupaste mi terreno", "Tú no cumpliste este contrato". Eran trapos sucios domésticos que no debían ventilarse afuera para no manchar el testimonio de la iglesia ante los paganos.
La difamación pública masiva es una bestia diferente. Cuando un creador de contenido publica un video ridiculizando a una persona ante 100,000 espectadores, no es un "asunto privado". Es un linchamiento público.
Comparemos los escenarios:
El agresor no buscó una resolución privada (Mateo 18). El agresor llevó el "juicio" directamente al tribunal más despiadado del mundo: La Opinión Pública (Redes Sociales).
Es una hipocresía dantesca que el agresor use las redes sociales (un foro público secular) para destruir la reputación de alguien, y luego, cuando la víctima busca defender su honor legalmente, el agresor grite: "¡Hey, eso debe quedar en privado entre hermanos!".
El agresor ya violó el espíritu de 1 Corintios 6 al exponer a su hermano a la vergüenza pública mundial. No puede reclamar la protección de la privacidad bíblica quien ya ha ejecutado un asesinato de reputación en la plaza pública.
3. El Propósito del Texto: Proteger el Testimonio, no al Victimario
La preocupación de Pablo era el testimonio: "Para vergüenza vuestra lo digo" (v.5). Le preocupaba que los paganos dijeran: "Miren a esos cristianos, predican amor pero se pelean por dinero ante nuestros jueces".
Ahora, apliquemos esto al siglo XXI. ¿Qué daña más el testimonio del Evangelio?
- ¿Un pastor que usa las herramientas legales para detener una campaña de difamación y mentiras en su contra?
- ¿O un "influencer cristiano" que se dedica a burlarse, mofarse y destruir a otros cristianos en plataformas como Instagram y TikTok para el entretenimiento de impíos y creyentes carnales?
Lo que escandaliza al mundo hoy no es la demanda; es el odio digital entre cristianos. El mundo ve los videos de burla y dice: "Si así se aman ellos, no quiero ser parte de eso".
La demanda es, a menudo, el único recurso que queda para detener el sangrado público que el mismo "hermano contencioso" inició. Prohibirle a la víctima defenderse no protege el evangelio; protege al bully.
La Manipulación Final: Usar 1 Corintios 6 Como Licencia Para Agredir
He aquí la perversión: el linchador digital quiere tenerlo todo:
- La Libertad del Comentarista Público: Para decir lo que quiera, al tono que quiera, ante quien quiera
- La Inmunidad del "Hermano" de Corinto: Para que, cuando su víctima busque reparación legal por el daño público recibido, él pueda esgrimir 1 Corintios 6 y gritar: "¡Pecador! ¡Estás demandando a un hermano! ¡Esto se arregla en la iglesia!"
Es un juego sucio. Porque en el momento de crear y publicar el video, NO actuó como "hermano" de Corinto (que resuelve cosas en privado). Actuó como fiscal público en el tribunal de las redes. Pero en el momento de enfrentar las consecuencias, se pone la máscara del "hermano ofendido" que solo quería arreglar las cosas en amor.
Esta interpretación convierte 1 Corintios 6 en una licencia para la difamación cristiana impune.
Bajo esta lógica, cualquier persona podría:
- Grabar un video difamando a un pastor famoso
- Lograr que se vuelva viral, dañando su ministerio
- Y cuando el pastor demande, contestar: "No puedes. Somos hermanos en Cristo. Pablo dice que no podemos pleitear. Habla conmigo en privado"
¡Es el colmo! Usar el mandamiento bíblico que protege la unidad y la reputación privada de la iglesia como un escudo para proteger los ataques públicos que destruyen la reputación de individuos.
El Llamado a la Responsabilidad: Si Juegas en la Arena Pública, Asume las Reglas Públicas
Si tu "ministerio" consiste en hacer crítica pública a personas públicas, has decidido jugar en la arena de la comunicación masiva. Esa arena tiene dimensiones éticas, sociales y legales:
Éticamente (ante Dios): Debes regirte por la mansedumbre, la verdad sin malicia, y el amor que no se goza de la injusticia (1 Cor 13:6). Tu tono burlesco ya falló aquí.
Socialmente (ante la comunidad): Tu acto tiene consecuencias en la reputación y el ministerio del otro. La "corrección" que no busca restauración, sino engagement, es carnalidad.
Legalmente (ante el estado): Si tu comunicación masiva traspasa los límites y causa un daño demostrable a la honra de alguien, esa persona tiene derecho a buscar reparación por las vías que las sociedades civiles han establecido. Decir "somos hermanos" no borra mágicamente el alcance masivo de tu acto ni el daño causado.
1 Corintios 6 no fue escrito para regular esto. Fue escrito para que dos hermanos de la misma iglesia que tienen un problema de dinero no arrastren el nombre de Cristo por el fango de los tribunales paganos por un asunto que pueden resolver en casa.
No es tu "casa". Lo que hiciste no fue un susurro en el oído de un hermano en la sala de tu iglesia. Fue un megáfono en la plaza pública digital. Y la plaza pública tiene reglas.
La Biblia no es Patente de Corso (Ni un Martillo, Ni un Escudo para Tu Orgullo)
Hermanos, dejemos de usar la Biblia para linchar y luego usarla de nuevo para escondernos.
El fenómeno del "linchamiento bíblico digital" es una de las enfermedades más graves del cristianismo en internet. Toma el celo por la verdad y lo pervierte en contención por la audiencia. Toma la hermenéutica y la reduce a buscador de versículos-escudo. Toma la comunión de los santos y la convierte en una ficción legal conveniente para evadir responsabilidad.
Si de verdad crees que un hermano está en error, hay un camino:
- Ora por él, intensamente
- Acércate en privado si es posible y tienes relación
- Si el error es doctrinalmente grave y público, escribe o habla para refutar la idea, no para ridiculizar a la persona. Hazlo con dolor, no con sorna. Con lágrimas, no con likes en mente
- Prepárate para ser responsable de tus palabras públicas, porque Dios te pedirá cuentas de cada una de ellas (Mateo 12:36), y la sociedad también puede hacerlo
Si tienes la "valentía" profética para encender una cámara, editar un video y burlarte de un ministerio ante miles de personas, ten también la valentía cívica para asumir las consecuencias legales de tus palabras.
Deja de usar 1 Corintios 6 como un talismán que crees que te protege de las consecuencias de tu propia lengua incendiaria. Porque ese mismo libro, Santiago, te advierte:
La lengua es un fuego, un mundo de maldad. Contamina todo el cuerpo, incendia el curso de la vida y es inflamada por el infierno... De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. (Santiago 3:6, 10)
No puedes incendiar la reputación de alguien con el fuego de tu lengua digital y luego, cuando las llamas te alcanzan, quejarte de que te queman.
Si no quieres una demanda "entre hermanos", es muy sencillo: no inicies una guerra pública contra tu hermano.
Apaga el fuego. Pide perdón. Asume tu responsabilidad. Y la próxima vez que sientas ese "fuego" de indignación, recuerda: el verdadero celo por la casa de Dios consume el pecado, pero nunca se alimenta de la humillación pública de un hijo de Dios.
La libertad de expresión tiene límites. El amor cristiano tiene demandas. Y la justicia, sea eclesial o civil, tarde o temprano llega.