[ANÁLISIS LITERARIO] El silencio de lo femenino: una lectura desde la crítica feminista de "El eclipse" de Augusto Monterros
El cuento opera como una demolición irónica de la arrogancia colonial y de la supuesta superioridad intelectual europea. No obstante, más allá de su lectura anticolonialista —la más evidente y frecuentada por la crítica—, el texto ofrece un terreno fértil para el análisis desde la perspectiva feminista, no tanto por lo que dice, sino por lo que calla. La ausencia total de figuras femeninas en la narración no es un detalle menor: constituye en sí misma un dato revelador sobre las estructuras patriarcales que atraviesan tanto el mundo representado como el propio discurso literario.
| Augusto Monterroso, escritor guatemalteco. |
Análisis desde la crítica feminista
1. La relación entre hombres y mujeres: una ausencia elocuente
En "El eclipse" hay una ausencia total de figuras femeninas. Ninguna mujer aparece como personaje, como voz ni como referencia. Esta omisión relega implícitamente a la mujer a un plano doméstico e invisible, fuera de los espacios donde se juegan el poder, el conocimiento y la vida. La importancia del eclipse como fenómeno astronómico —elemento central de la trama— queda en manos exclusivamente masculinas, tanto del lado europeo como del indígena. Se advierte, además, la deliberada inexistencia de tropos clásicos que la literatura posterior ha asociado a personajes femeninos en situaciones de riesgo: la figura que salva o condena al opresor u oprimido, la mediadora entre culturas, la voz compasiva. Nada de eso existe aquí. El conflicto se resuelve entre hombres, y la mujer no tiene siquiera un lugar simbólico en la narrativa.
2. Relaciones de poder en clave de género
Las relaciones de poder en el cuento se articulan entre figuras masculinas que ocupan roles tradicionales dentro de sus respectivas culturas. Por un lado, fray Bartolomé representa al colonizador religioso, portador de un saber que considera universal e irrefutable. Por otro, los indígenas encarnan la figura del sabio colectivo: los astrónomos que calculaban los eventos lunares y los eclipses eran los reconocidos hombres de conocimiento de su época y comunidad. La disputa es entre dos formas de masculinidad intelectual, y el poder se define por quién posee un saber más genuino y arraigado. Las mujeres no participan de esta ecuación de poder ni como sujetos ni como objetos de disputa.
3. Definición de los roles masculinos y femeninos
De manera explícita, los roles masculinos presentes en el cuento corresponden a arquetipos reconocibles: el juez, el protector tribal, el defensor de la comunidad, el sacerdote, el sabio. En cuanto a la mujer, su ausencia es en sí misma una voz que delimita con claridad el alcance restringido de las redes femeninas en un espacio comunitario dominado por lo masculino. El cuento no necesita excluir activamente a las mujeres porque el universo que representa ya las ha excluido de antemano: ni la Iglesia colonial ni el consejo indígena, tal como se narran, contemplan una presencia femenina.
4. Masculinidad y feminidad
La masculinidad se construye en el cuento a través del conocimiento y la capacidad de decisión. Del lado europeo, se manifiesta en la erudición de Bartolomé y su confianza en Aristóteles; del lado maya, en la precisión astronómica de los sabios indígenas que reconocían las etapas de los eclipses. Ambas masculinidades compiten por la legitimidad del saber. La feminidad, en cambio, está ausente, y esa ausencia funciona como un mensaje implícito y un silencio tácito sobre el papel doméstico que las estructuras patriarcales asignaban a las mujeres, quienes eran automáticamente excluidas de actividades consideradas "de hombres", ya fuera la astronomía, la guerra, el sacrificio ritual o la evangelización.
5. Encarnación de los rasgos de género
Fray Bartolomé encarna la arrogancia de quien cree que saber equivale a estrategia táctica. Con su dato astronómico —real y verificable— intentaba manipular a sus captores para salvar la vida, asumiendo que la información era un privilegio exclusivo de su tradición. Esa confianza, sin embargo, no fue recompensada: el fraile encontró de todos modos la muerte en la piedra de los sacrificios, víctima de su propia soberbia. Los indígenas, por su parte, encarnan una masculinidad más silenciosa y colectiva, que no necesita exhibir su conocimiento como arma, sino que lo despliega con calma y precisión en el momento decisivo.
6. Rasgos de sexos opuestos
Ninguno de los personajes adquiere rasgos que puedan asociarse al género opuesto. Todos conservan características homogéneas dentro de la literatura masculina y responden a tropos recurrentes en figuras de hombres: el conquistador, el mártir, el sacerdote, el guerrero, el sabio. No hay fisuras ni ambigüedades de género en la construcción de los personajes, lo cual refuerza la rigidez del esquema patriarcal que el cuento reproduce en su universo narrativo.
7. Las operaciones del patriarcado
El cuento revela distintas dimensiones del patriarcado operando simultáneamente. Desde lo económico, quienes tenían acceso al conocimiento formalizado eran personas extranjeras, los colonizadores, aunque en este caso ese estatus de poco les valió. Desde lo político, cuando el consejo indígena se reúne para deliberar sobre las palabras de Bartolomé, se asumen representaciones clásicas de culturas patriarcales donde los hombres —o cierto tipo de ellos— tenían el mayor peso en las decisiones comunitarias. Desde lo social, el sacrificio del colonizador constituye una expresión de victoria del oprimido sobre el opresor, pero enmarcada en un ritual exclusivamente masculino. Desde lo psicológico, Bartolomé asume que su inteligencia y su formación lo exonerarán, que saldrá con la suya gracias a su superioridad intelectual, en un gesto que reproduce la lógica patriarcal de la autoconfianza como prerrogativa masculina. Esa certeza resultó ser su sentencia.
8. Hermandad y resistencia
El cuento no aborda la hermandad femenina como forma de resistencia al patriarcado. Sin embargo, sí representa una hermandad masculina eficaz: la comunidad indígena actúa de manera colectiva, comparte un saber heredado y toma decisiones en consejo. El sacrificio de Bartolomé es producto de esa solidaridad entre hombres de una misma cultura. Podría argumentarse que el modelo de resistencia colectiva que los mayas representan —el saber compartido frente al genio solitario y arrogante— guarda analogías con los modos de organización que la teoría feminista valora como alternativas al individualismo patriarcal, aunque el cuento no lo plantee en esos términos.
9. La creatividad de las mujeres
No existen en el texto registros ni elementos que permitan inferir alguna forma de creatividad asociada al género femenino. Sin embargo, vale la pena rescatar un recurso recurrente en la narrativa literaria de todos los tiempos: la mujer, en situaciones de presión o de riesgo, ha encontrado históricamente en el uso del cuerpo un elemento redentor o de rescate con fines de supervivencia. En "El eclipse" se produce una inversión interesante de ese tropo. Bartolomé no ofrece su cuerpo ni sus encantos como moneda de salvación, pero sí apela a la soberbia conceptual como rasgo hegemónico capaz de producir un efecto salvífico ante una comunidad enardecida que él asumía no era lo suficientemente inteligente para captar la "inocencia" premeditada de su estrategia: el primitivo recurso de apelar a dioses y figuras de castigo celestial para preservar la vida. En el fondo, la intención del hombre bajo esta circunstancia de presión fue "creativa" —un acto de ingenio desesperado, análogo en su lógica al recurso corporal que la literatura ha asignado tradicionalmente a las mujeres—, aunque resultó absolutamente infructuosa en términos de resultados. La creatividad, en este cuento, es monopolio masculino, pero también es una creatividad que fracasa: ni el cuerpo femenino ausente ni el intelecto masculino presente logran alterar el desenlace que la comunidad ya tenía decidido.
10. Recepción de la obra y funcionamiento del patriarcado
La crítica más frecuente sobre "El eclipse" ha sido de corte colonialista y poscolonial, centrada en la inversión irónica del saber europeo frente al conocimiento indígena. La dimensión de género rara vez ha sido explorada en profundidad. Esto en sí mismo dice algo sobre el funcionamiento del patriarcado en la recepción literaria: cuando un texto presenta un mundo exclusivamente masculino, la crítica tiende a naturalizarlo en lugar de interrogarlo. No obstante, el cuento deja establecido de manera implícita que, para que una sociedad sea salvada o redimida —o incluso para que fracase en su intento de salvación—, se requieren figuras masculinas en el plano intelectual y táctico. La mujer no aparece ni como salvadora ni como víctima ni como testigo.
11. Papel en la historia y tradición literaria de las mujeres
"El eclipse" juega el papel de un retrato aproximado de la influencia limitada que tenían las mujeres tanto en las culturas precolombinas como en el mundo posterior al descubrimiento, al menos en lo que respecta a los eventos sociales, políticos y científicos que afectaban a sus comunidades. El cuento no inventa esa exclusión, pero tampoco la cuestiona. Al reproducirla sin comentario, contribuye a una tradición literaria en la que la experiencia femenina permanece en los márgenes, y donde los grandes enfrentamientos entre civilizaciones se narran como asuntos entre hombres.
Una gran crítica en prosa
"El eclipse" de Augusto Monterroso es un texto extraordinariamente eficaz en su crítica a la arrogancia colonial y a la falsa superioridad del conocimiento europeo. Sin embargo, leído desde la crítica feminista, revela una dimensión adicional igualmente significativa: la invisibilización absoluta de lo femenino. En un cuento donde todo gira en torno al saber, al poder y a la supervivencia, las mujeres no existen. Esa ausencia no es inocente ni accidental; es el reflejo de un doble sistema de exclusión —colonial y patriarcal— que el texto denuncia en un eje pero reproduce en el otro. La crítica feminista nos permite leer ese silencio no como un vacío, sino como un dato estructural que completa el mapa de opresiones que el cuento, acaso sin proponérselo, pone sobre la mesa.