Yo sé que la IA, con todos sus debates, sus peligros y también sus aportes, ha provocado que su uso se masifique en prácticamente todos los niveles de la sociedad. Ya no es algo exclusivo de grandes empresas tecnológicas o de instituciones que antes tenían que pagar miles o millones de dólares a especialistas para implementar ciertas soluciones. Ahora está en todos lados.
Y yo entiendo perfectamente por qué eso produce molestia en sectores como el diseño, la publicidad y otros trabajos creativos que, de alguna manera, sienten que han sido desplazados o relegados por las facilidades que ofrece la inteligencia artificial. Porque sería absurdo negar algo evidente: la IA optimiza tiempo. Y cuando una persona necesita resolver algo rápido, eso pesa muchísimo.
El fin de las excusas para la mediocridad
Pero independientemente de esa molestia —que en parte también es entendible— hay algo de la IA que sí me parece profundamente positivo.
Y es que ya casi nadie tiene excusa para presentar un producto mediocre.
Antes, si tú querías hacer una página web, desarrollar una idea visual o construir algo mínimamente funcional, dependías totalmente de encontrar a alguien especializado. Si no tenías dinero, simplemente te quedabas fuera. Tus ideas se morían en tu cabeza o terminaban viéndose deficientes porque no tenías acceso técnico ni económico.
Ahora no.
Ahora cualquier persona con una idea clara y una IA medianamente decente puede construir algo funcional, explicando con lógica lo que quiere. Tal vez no será perfecto. Tal vez no reemplazará a los mejores profesionales. Pero sí puede alcanzar un nivel suficientemente digno como para competir o, al menos, presentarse decentemente.
Y yo creo que eso es ganancia.
La tecnología siempre simplifica
Porque al final del día la tecnología siempre ha buscado simplificarle la vida a la gente. Si no fuera así, nadie —por romántico que sea— quisiera volver a vivir como hace cien años. Pero ni siquiera hace veinte. Mucha gente romantiza épocas pasadas hasta que recuerda las limitaciones que tenían.
Nadie realmente quiere volver al internet lento, a procesos eternos, a depender de intermediarios para todo o a no tener acceso inmediato a herramientas que hoy resolvemos en minutos.
La modernidad llega para quedarse.
Con sus problemas, sus excesos, sus desafíos y también sus injusticias. Pero aun así mejora aspectos de nuestra calidad de vida y amplía posibilidades que antes estaban reservadas para unos pocos.
Reducir la brecha de acceso
Por eso me gusta la parte de la IA que democratiza ciertas capacidades.
Porque no me parece justo que una pyme o una pequeña empresa tenga que gastar miles de dólares obligatoriamente para obtener algo que hoy puede resolver razonablemente bien pagando una suscripción de veinte dólares y dedicando tiempo a aprender.
Y sí, eso inevitablemente mueve el mercado. Obliga a mucha gente a reinventarse. Obliga a subir el nivel. Obliga a competir distinto.
Pero también reduce una brecha que antes era demasiado visible.
No pone a todo el mundo en igualdad de condiciones, porque eso sería ingenuo pensarlo. Siempre habrá diferencias de dinero, talento, experiencia y acceso. Pero por lo menos acerca herramientas que antes estaban demasiado lejos de la mayoría.
Y honestamente, creo que eso también tiene algo profundamente valioso.