[REFRANES] "Cuando no está para ti, ni aunque te pongan" El Peso de una Sabiduría Ancestral Cuando la VIVES
Cuando no está para ti, ni aunque te pongan
Hay expresiones que uno escucha toda la vida y que no significan absolutamente nada hasta que la vida se encarga de darles sentido.
Las escuchas de tus abuelos, de tus padres, de tus tíos, de la gente mayor del barrio. Forman parte del ruido de fondo de la cultura popular. Están ahí, pero no te atraviesan. No te generan nada. Son frases hechas, dichos viejos, sabiduría prestada que parece destinada a otros.
Hasta que un día te a tí.
Y entonces entiendes.
En estos días ha estado rondando mucho por mi cabeza una expresión muy dominicana:
Cuando no está para ti, ni aunque te pongan y su contraparte, que muchas veces olvidamos:Cuando está para ti, ni aunque te quiten.
Durante mucho tiempo creí que casi todo dependía del mérito. Todavía lo creo en gran medida. Me gusta pensar que las cosas deberían llegar por esfuerzo, por preparación, por trabajo bien hecho y no por circunstancias aleatorias o azarosas. Me cuesta aceptar que existen variables que escapan a nuestro control.
Sin embargo, la vida tiene una manera curiosa de recordarnos que no siempre basta con merecer algo para obtenerlo.
La evaluación docente
Lo he pensado recientemente a propósito del proceso de evaluación de desempeño docente.
He visto compañeros de la maestría que están en una situación laboral muy parecida a la mía. Personas con dos o tres años de servicio, que incluso entraron en períodos similares, que están siendo consideradas dentro del proceso de evaluación y que probablemente tendrán acceso a beneficios económicos, retroactivos y reconocimientos que, honestamente, sé que se han ganado.
No me molesta que ellos lo reciban. Al contrario. Me alegra.
Pero inevitablemente uno observa y compara.
Y cuando una colega, alguien por quien siento aprecio y consideración de manera mutua, me dijo que lamentaba que yo no hubiera sido incluido porque sabía cuánto me habría ayudado, me sorprendí respondiendo casi de manera automática:
Cuando no está para ti, ni aunque te pongan.
No fue una frase amarga.
No fue una frase de derrota.
Fue una frase de aceptación.
Porque hay momentos en los que haces el inventario completo de tus esfuerzos y aun así las cosas no terminan ocurriendo.
El esguince y la clase perdida
| Asi quedó el tobillo de mi esposa. |
Luego ocurrió algo mucho más cotidiano, pero que volvió a llevarme al mismo pensamiento.
Mi esposa sufrió recientemente un esguince de tobillo.
Por suerte no fue algo más grave. Ha contado con la ayuda de su madre, mi suegra, que ha estado presente y pendiente. Pero cualquiera que haya convivido con una persona que tiene un esguince sabe que, aunque no sea una lesión catastrófica, requiere atención constante. Hay que ayudarla a desplazarse, asistirla en cosas simples, recordarle que no apoye demasiado el pie y, sobre todo, entender que la recuperación necesita tiempo.
En cierto modo uno termina haciendo funciones de enfermero, asistente, chofer y apoyo logístico al mismo tiempo.
Aun así, tenía toda la intención de asistir a mi clase de maestría este sábado.Quería ir.
Tenía deseos genuinos de estar allí.
Extrañamente, el día comenzó torcido desde temprano. Me levanté tarde. Y quienes me conocen saben que cuando eso ocurre casi siempre siento que algo viene desajustado.
Hay una verdad que no voy a maquillar: aunque tengo alarmas, muchas veces mi esposa es mi verdadera alarma. Es quien me dice que es hora de moverme, de empezar el día. Puede que eso no sea lo más digno para un hombre que se acerca a los cuarenta años, pero es mi realidad.
Con la lesión, naturalmente, sus rutinas también cambiaron.
Me levanté tarde, hice todo deprisa, me preparé para salir y cuando finalmente estaba listo apareció otro obstáculo: el transporte.
Llovía.
No había vehículos disponibles.
El tiempo seguía pasando.
Y fue ahí cuando la frase volvió a aparecer.
Cuando no está para ti, ni aunque te pongan.
Porque ganas no me faltaban.
Intención tampoco.
Esfuerzo, menos.
Simplemente no se dio.
Lo que realmente se lamenta
Claro que me dio pena perderme la clase. No tanto por el contenido académico, porque afortunadamente la profesora suele compartir materiales y agendas que permiten mantenerse al día. A estas alturas de mi formación sé gestionar mi aprendizaje y recuperar contenidos por mi cuenta.
Lo que realmente lamenté fue perderme la experiencia.
Las conversaciones.
Las risas.
La socialización.
El intercambio con mis compañeros.
Incluso un arroz y un menudo que una compañera había prometido llevar.
Porque la universidad, la maestría y los espacios de aprendizaje nunca son únicamente los contenidos. También son las personas. También son los vínculos. También son esos momentos que no aparecen en ningún programa de estudios.
Y mientras pensaba en todo eso comprendí por qué algunas frases sobreviven generaciones enteras.
No porque sean profundas.
Sino porque son ciertas.
La serenidad como sabiduría
Hay cosas que dependen de nosotros y hay cosas que no. Hay puertas que se abren porque trabajamos para ello y hay otras que permanecen cerradas aunque golpeemos con toda la fuerza posible.
Aceptar eso no significa renunciar al esfuerzo No significa dejar de intentarlo. No significa abandonar el mérito como principio. Significa entender que la paz también consiste en reconocer los límites de nuestro control.
Quizá por eso hoy esa expresión tiene para mí un significado completamente distinto al que tenía cuando era más joven.
Antes la escuchaba.
Ahora la entiendo.
Porque la vida me ha enseñado que cuando algo no está para uno, a veces sencillamente no ocurre, por más empeño que pongamos.
Y también me ha enseñado la otra mitad de la verdad: cuando algo verdaderamente está para uno, muchas veces termina encontrando el camino, incluso cuando las circunstancias parecen estar en contra.
Tal vez la sabiduría esté justamente ahí.
En hacer todo lo que nos corresponde.
Y luego tener la serenidad suficiente para aceptar aquello que ya no depende de nosotros.