I. El despertar y su paradoja El ser humano es un ser de etapas, y esas etapas rara vez son lineales. Las vivencias que nos forman tienen una naturaleza contradictoria: a veces las mismas huellas que nos destruyeron terminan siendo las que nos reconstruyen. En ese ciclo, que la psicología del desarrollo describiría como un proceso de ruptura y reintegración, emerge lo que podríamos llamar un despertar: ese momento en que la acumulación de experiencias produce, finalmente, una nueva forma de ver el mundo. Con los años, con las caídas y con los aprendizajes, uno alcanza cierto nivel de comprensión —no sé si llamarlo plenitud, pero sí una lucidez que nos hace ver que hemos venido a este mundo para algo más. Desde ese lugar, muchas personas sienten la necesidad de compartir lo que han descubierto: quieren enseñar, ayudar o, por usar un término común dentro de mi propia retórica, evangelizar aquello que les cambió la vida. Y no hay nada malo en eso. Ahí, sin embargo, comienza la paradoja. C...
Un rincón en medio del alborotado internet de siempre. Una voz en medio del bullicio normalizado.