Este artículo cierra la serie volviendo a una pregunta de fondo que atraviesa todo el recorrido anterior: ¿por qué España, durante casi setenta años, desde el Tratado de Basilea de 1795 hasta la evacuación final de la anexión en 1865, nunca tuvo un interés económico real en conservar o proteger Santo Domingo, mientras que sí defendió con uñas y dientes a Cuba y Puerto Rico, territorios igualmente cercanos en el Caribe? La respuesta no tiene que ver con distancia geográfica ni con afecto histórico. Tiene que ver, casi exclusivamente, con una variable fría y contable: la rentabilidad económica real de cada colonia. La raíz del problema: Santo Domingo dejó de ser rentable desde el siglo XVI El desinterés español hacia Santo Domingo no nació en 1795 ni en ningún momento puntual del siglo XIX. Se remonta mucho más atrás, hasta el propio siglo XVI. A finales de esa centuria, tras la conquista de los grandes territorios continentales de México y Perú, ricos en plata y oro a una escal...
Un rincón en medio del alborotado internet de siempre. Una voz en medio del bullicio normalizado.